BRENDA AUSTIN: «DEBEMOS ESTAR PREPARADOS PARA CONSTRUIR NUEVAMENTE UNA ALTERNATIVA PARA LA ARGENTINA»

Brenda Austin, actual diputada nacional por Córdoba, dialogó con Republicana.

REPUBLICANA: ¿En qué cree que han cambiado las políticas de género desde que asumió el nuevo gobierno? 

BRENDA AUSTIN: Desde que asumió el gobierno no ha habido verdaderamente cambios trascendentales en políticas de género. Por supuesto que ha sido importante la creación del Ministerio como un hecho simbólico de jerarquización del área, que también es una continuidad de lo que ya venía haciendo el gobierno de Mauricio Macri al jerarquizar y crear el Instituto Nacional de las Mujeres, dotándolo de mayor presupuesto y mayores herramientas para el seguimiento de sus acciones. Creo que, en esa línea, la creación del Ministerio no es más que una continuidad, donde lo importante no es contar solamente, ni mucho menos, con un organismo, y en este caso con una ministra especializada en el tema, sino fundamentalmente trabajar para que las políticas de género sean transversales a las distintas acciones que lleva adelante un gobierno. 

R: ¿En qué beneficia y en qué perjudica tener un Ministerio de la Mujer?

BA: El problema principal es que todas las acciones terminen concentrándose en ese Ministerio. Ese es el peor de los escenarios: dejar de tener una política que atraviese por ejemplo las acciones que impulsa el Ministerio de Educación, las que se llevan adelante desde el Ministerio de Seguridad, o incluso también en cuestiones tan claves como las políticas de vivienda, es decir la necesidad de pensar en espacios orientados a responder a uno de los temas centrales que hace que las mujeres queden atrapadas en el círculo de violencia, y que es la dependencia económica de la persona que ejerce violencia y la imposibilidad de acceder a una vivienda propia. Entonces el desafío es justamente pensar las políticas de género como políticas transversales. Creo que en este sentido se hizo mucho durante el gobierno anterior, indudablemente. Estamos frente a acciones que para poder tener impacto, para poder producir transformaciones culturales profundas requieren del sostenimiento en el tiempo, es decir, convertirse en política de Estado; requieren que gobierno tras gobierno se pueda construir sobre los cimientos de lo que hasta aquí se ha llevado adelante. Nos sentimos muy orgullosos y orgullosas de haber impulsado el primer plan de acciones con un conjunto de metas concretas que debían llevarse adelante, y que además eso cuente con el financiamiento para poder hacerlo. Por otro lado, creemos también que una política que debe continuar este gobierno es la discusión del presupuesto. Como antes decía, las políticas de género tienen que ser transversales a todas la áreas y quizás en el lugar más importante donde esto se manifiesta es en el Presupuesto de la Nación, la ley de leyes. Algo que este gobierno, desde que asumió, no ha honrado, no ha enviado todavía al congreso el cálculo de ingresos y gastos sobre el que va a basar sus acciones. No obstante, es importante resaltar que en los últimos presupuestos que envió el gobierno anterior se había dado un paso importante al incorporar la perspectiva de género en el diseño del presupuesto, pudiendo identificarse cuáles eran los recursos que estaban orientados a políticas específicas, por ejemplo, contra la violencia de género.

R: ¿Qué sintió cuando el Presidente dijo que venía a terminar con los odiadores seriales?

BA: La verdad que al escucharlo decir eso, la primera reacción es que ojalá esa frase haya estado dirigida a sus propios militantes políticos. Hemos visto cómo en los últimos años la grieta se ha transformado en un cúmulo de agresiones personales a dirigentes del espacio opositor, a dirigentes de Cambiemos; hemos visto cómo prendían fuego a figuras con la cara del Presidente de la nación, Mauricio Macri, y de la entonces gobernadora Vidal y otros referentes del espacio político. Con lo cual, creo que apelar a dejar de lado los discursos de odio y todas las acciones que tiendan a incentivarlo, tiene que ser un compromiso que en primer lugar asuma hoy el partido gobernante. En ese sentido, parece una contradicción la afirmación de que viene a terminar con los odiadores seriales, cuando hay muchos de su propio espacio político que han tratado de justificar su incapacidad agrediendo personalmente a referentes del gobierno anterior. Terminar con la grieta y con los odiadores seriales no es algo que dependa de una sola persona, tampoco es algo que pueda lograrse con declaraciones como la que días atrás hizo el presidente, calificando de canallesco un comunicado de Juntos por el Cambio sobre el crimen de Fabián Gutiérrez que simplemente pedía que la investigación pase a manos de fiscales y jueces imparciales para no repetir el ciclo de impunidad en la Argentina. Este tipo de declaraciones no sirven para terminar con lo que él llama odiadores seriales. No obstante, lograrlo también requiere que todas las fuerzas políticas nos comprometamos a tratar de bajar el nivel de virulencia política y las descalificaciones, entendiendo que una democracia necesita espacios donde las diferencias puedan ser canalizadas sin entrar en los niveles confrontación que estamos viendo. La historia argentina nos enseña que no es ese el camino, que es un espiral que sube y sube a niveles que terminan lesionando la calidad de las instituciones. Quienes nos definimos demócratas y estamos a favor de la defensa de las instituciones y la República, tenemos que bregar para que el clima de convivencia política en la Argentina sea mucho mejor de lo que es hoy.

R: Tomando como referencia lo que está sucediendo en Santa Fe, ¿cuál es la postura del campo cordobés hoy?

BA: Lo que ocurrió en Santa Fe vino a despertar una vez más el temor de un conjunto de organizaciones vinculadas al campo, sobretodo en el corazón productivo de la Argentina: la sensación de volver a ser una vez más atacados por su actividad, por la generación de riqueza; atacados por ser capaces de llevar adelante uno de los impulsos que mayor cantidad de empleo genera en los sectores más productivos, sobre todo en el centro de la Argentina. En este sentido, creo que amenazar con la expropiación de una empresa que estaba en el marco de un concurso preventivo, donde había un juez interviniendo y violando además las disposiciones que establece la ley para poder hacerlo, constituye un muy mal antecedente para construir confianza política en aquellos que quieren invertir en la Argentina, pero también constituye un mal antecedente para quienes vivimos en este país y sentimos que estamos ante un gobierno que además, cometiendo un error político, se anima a tomar decisiones que violentan nuestro orden constitucional. Hay muchos argumentos de naturaleza legal y constitucional que nos invitan a afirmar con total claridad que estábamos frente a una acción desmedida del ejecutivo. Entonces, creo que el análisis de la situación va mucho más allá de Vicentín y la situación financiera del conjunto empresario y las medidas que debían llevarse a cabo: lo que refleja es desde dónde se posiciona un gobierno para tratar de impulsar la economía. Otro aspecto preocupante fue la utilización de clichés y simplificaciones para tratar de construir relatos sobre las cosas y tapar lo que realmente se quiere hacer. Me refiero a trata de enmarcar esta acción como una acción orientada a contribuir con la soberanía alimentaria de la Argentina, cuando estábamos frente a una empresa cuyo mayor nivel de producción tenía que ver con granos para alimentar chanchos en China. Entonces, obviamente que todo esto despertó en Córdoba la reacción de muchos sectores, la movilización no sólo de sectores vinculados al campo sino también a la industria, a sectores de servicios, a comercios y a la ciudadanía en general, porque esto va más allá de la figura de Vicentín: esto tiene que ver con el respeto y el reconocimiento, como nos decían muchos productores y chacareros con los que estuvimos hablando; tiene que ver con la tarea que llevan adelante para construir esta grieta, esta confrontación, esta identificación de aquellos vinculados al campo como si fuesen enemigos de este modelo político, enemigos del desarrollo de la Argentina, cuando es exactamente lo contrario. En síntesis, creo que fue un inentendible error político de un Gobierno que pretende gobernar para todos los sectores y toda la Argentina. Ha sido una decisión desacertada e inconsulta de los marcos legales y constitucionales. 

R: La Ciudad de Buenos Aires viene siéndolo desde hace tiempo, pero tras la última elección emergieron Mendoza y Córdoba como núcleos duros de Juntos por el Cambio. ¿Cómo la hace sentir eso como militante de este espacio, y, sobretodo, como cordobesa?

BA: En nuestra provincia hoy hay distintos sectores que abrevan en distintas fuerzas políticas y que vieron en la figura de del ex presidente Macri, y en cada una de las instancias legislativas de Juntos por el Cambio, la opción que mejor podía representarlos. Y esto tiene que ver con distintos fenómenos. Un poco con la historia reciente de Córdoba y el kirchnerismo, el haberse sentido profundamente discriminada en el reparto de recursos durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, por conflictos con el campo pero también con aquel del paro de la policía, donde Cristina, lejos de asistir a una situación que estaba generando zozobra en toda la capital cordobesa, se negó a enviar la Gendarmería en tiempo oportuno. Entonces obviamente todo esto nutre la memoria del ciudadano cordobés y está presente al momento de tomar muchas de estas decisiones. Ahora, creo que el desafío que tenemos todos los que formamos Juntos por el Cambio en Córdoba es el de ser capaces de traducir eso a una propuesta política para la provincia, tratar de romper con un ciclo que viene ya desde hace más de dos décadas gobernando Córdoba: la alternancia en el poder es una valor que oxigena y fortalece las democracias. Todavía nos queda una enorme tarea por delante, pero estamos orgullosos del resultado que representa Córdoba en el mapa del país, por eso estamos convencidos de que tenemos que seguir trabajando para que la alternativa que representamos sea una alternativa federal, que pueda tener anclaje no sólo en los núcleos urbanos más grandes, sino en todo el interior de la Argentina. Para eso hay que hacer el esfuerzo de seguir pensando en estrategias de desarrollo regionales y reconociendo sus economías como motor de crecimiento, diseñar políticas que estén mirando las particularidades sociales, culturales e históricas de cada región de la Argentina y obviamente mantener la vocación de fortalecer nuestra fuerza política a través de las diferencias y la diversidad de todos los sectores que la conforman. Debemos estar preparados para construir nuevamente una alternativa para la Argentina, no sin antes aprender de nuestros errores y mejorar aquellos aspectos que ayudan a explicar parcialmente la derrota electoral: sobre esa base indispensable vamos a volver a darle a la Argentina una opción que mire al presente, pero sobretodo que construya un mejor futuro.

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