¿PORQUÉ LA OPOSICIÓN NECESITA UN PROGRAMA?

Por Emiliano Álvarez Raso

La Argentina y el mundo transitan un tiempo de coaliciones que parece haber llegado para quedarse. Frente a las dificultades de la representación política, las crisis de las identidades partidarias tradicionales y la irrupción casi dominante de la «cuestión digital», los reagrupamientos para alcanzar el gobierno o sumar poder y tener mayor influencia siendo oposición se dan a través de coaliciones y alianzas. Esto ocurre en gran parte de los países del mundo y también en el nuestro, donde se logró de este modo equilibrar un poder que entre 2003 y 2015 se encontraba desequilibrado. Estos reagrupamientos se dan incluso entre fuerzas políticas que, a priori, tienen una visión sustancialmente diferente desde lo ideológico.

Durante la presidencia de Mauricio Macri, donde el debate sobre el funcionamiento de la coalición de gobierno fue una constante, hubo ensayos de un trabajo conjunto de las fundaciones partidarias de los partidos integrantes de la coalición (UCR, Coalición Cívica, PRO), quizá sin la profundidad y la dinámica necesaria, pero sí con una convivencia razonable. Ahora, como principal espacio opositor, urge no solo relanzar el debate y una mecánica de trabajo de índole programático, sino, además, darle mayor institucionalidad al mismo e, incluso, promover la ampliación a más fundaciones partidarias y usinas de pensamiento. Además, debe hacerse con una impronta mucho más federal, conforme el manifiesto problema de nuestro país en términos de distribución territorial y una excesiva concentración del poder en Buenos Aires. 

¿Qué ganaremos los que creemos necesario mantener la unidad -y si es posible ampliar- de Juntos por el Cambio y dotarlo de una mayor rigurosidad programática? En principio elevar la calidad de los debates públicos en la Argentina, siempre encorsetados en la coyuntura y la espectacularidad propia de la dinámica política moderna. Con profundidad, estudio y diagnóstico no solo seremos una oposición de reacción, sino que promoveremos una visión de futuro y de alternancia, indispensable para el país y necesaria para volver a enamorar desde lo electoral.

Al no descuidar la profundidad en el debate de ideas colaboraremos en una mayor cohesión de los bloques legislativos nacionales y también en provincias y municipios. Además, en ese propio ejercicio estaremos logrando síntesis y acuerdos entre los diferentes miembros, dirigentes y militantes de la coalición. Muchas veces existen preconceptos, disputas y tensiones entre los sectores más progresistas y más conservadores de un espacio político por la propia ausencia de un genuino debate interno. 

Por último, estaremos preparados ante una eventual convocatoria del oficialismo de turno a un debate global, sea en el Congreso de la Nación, en una mesa de acción política o, de constituirse, en un Consejo Económico y Social, algo muy necesario frente al escenario actual, quizá la mayor crisis económico social que se tenga registro desde 1983.

Corresponde entonces a las autoridades partidarias de Juntos por el Cambio diseñar una arquitectura que permita afinar un compendio de ideas, propuestas y diagnósticos sobre los temas centrales de nuestro país para acercar posiciones hacia adentro y mostrar coherencia hacia afuera. Estaremos dándole volumen al debate sobre qué Estado queremos y qué prioridades defendemos, llegaremos con soporte y músculo a una convocatoria presidencial y con una clara visión de país si la voluntad popular nos otorga la responsabilidad de ser nuevamente gobierno. En definitiva, estaremos aportando a la reconstrucción de la relación entre la ciudadanía y lo público y elevando la calidad institucional y democrática.

Emiliano Álvarez Raso es abogado. Fue director de Asuntos Políticos de la Secretaría General de la Presidencia.

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