150 DÍAS

Ya llevamos 150 días encerrados. Eso que el gobierno continúa llamando cuarentena, que destruye el empleo, que genera pobreza y que, especialmente por los números, ni siquiera es eficaz para contener la pandemia, lleva 150 días. Medio año. Para muchos, toda una vida.

Seguimos dando manotazos en la oscuridad tratando de encontrar el famoso pico. Y arriba de todo ese apiñamiento de epidemiólogos y funcionarios sigue estando Ginés, el mismo que nos dijo que no había ninguna posibilidad de que el infierno que ahora está a la vuelta de la esquina fuera a suceder. Seguimos tratando de pulir porcelana con un martillo neumático. Porque no importa cuándo leas esto: Ginés seguirá siendo el ministro de Salud.

Ya no hay manera de ocultarlo: vivimos una crisis económica en toda regla, una crisis social que, por lo que empieza a asomar, podría postergar el futuro de toda una generación. Pero también vivimos otra crisis, menos visible, que hace menos ruido, pero que también está ahí: vivimos una crisis de falta de empatía, donde el que se resiste a ser pobre es acusado de anticuarentena; donde el que sale a trabajar para ganarse el pan es un terrorista sanitario; donde el que se defiende para que no lo maten es un asesino. Señor presidente: cualquier trabajo que da de comer es esencial.

Llevamos 150 días de parálisis legislativa, de micrófonos que se cortan, de decretos que tienen más de necesidad política que de urgencia, de intentos fallidos de expropiación, de reformas judiciales a medida, de liberación de presos, de asesinatos, de inflación, de intendentes falopa y decretos que criminalizan -sí, criminalizan- las reuniones entre individuos en espacios cerrados, entre paredes, a resguardo de la intimidad. 

No vivimos en una dictadura y todo el mundo lo sabe. Pero no por eso hay que mirar para un costado y negar algo evidente: que por algún lado siempre se empieza. Vale recordar, a modo de cierre, las palabras de Álvaro Lamadrid en la entrevista que concedió a Revista Republicana el 8 de julio. Consultado sobre qué peleas dejar pasar y en cuáles plantarse para no terminar como Venezuela, Lamadrid, dijo: «Ningún avance que pretenda quitarnos libertades o derechos es poco importante o insignificante, por muy pequeño que parezca, porque todo nos acerca a ser Venezuela».

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