CARMEN POLLEDO: «CUANDO KICILLOF VUELVA A ESTAR EN APUROS, ¿A QUIÉN LE VAN A SACAR?»

REVISTA REPUBLICANA: Como diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires, ¿piensa que en la decisión del presidente de afectar los fondos de la ciudad hay una intención política de perjudicar a la gestión de Rodríguez Larreta?

CARMEN POLLEDO: Creo que es una decisión producto de la presión de cierto sector del Gobierno que siempre mira con recelo a la Ciudad de Buenos Aires. En los últimos meses estamos acostumbrados a escuchar un tipo de discurso contra la Ciudad de Buenos Aires, caracterizándola como “opulenta”, donde se critica que hasta los helechos tienen agua y luces. Este discurso quiere desprestigiar a la Ciudad y generar un sentimiento de rechazo que, por suerte, no está presente en los argentinos. La Ciudad de Buenos Aires es una ciudad muy querida y siempre ha sido receptora de numerosos visitantes, no sólo de los que vienen a estudiar y trabajar de la zona más próxima, como es el conurbano bonaerense, sino también de los visitantes que vienen del resto del país atraídos por el turismo, espectáculos y la gran oferta cultural y gastronómica que tiene la ciudad. Como diputada electa por la Ciudad de Buenos Aires, creo que lo que hizo el presidente Fernández es una injusticia y que no se corresponde con la realidad. No sólo porque los números indican lo contrario, sino porque creo que lo que en el fondo se pretende, es “castigar” a los buenos gobernantes. La Ciudad aporta entre un 22% de los recursos nacionales, y recibe un 3,5% por coparticipación. Es decir que, de cada $100 que aporta, recibe $15. Con este cambio, se redujo la cifra al 2,32%, con la intención de llevar, finalmente, el coeficiente al 1,4%. Es decir, la Ciudad aporta mucho más de lo que recibe. Esta decisión, totalmente discrecional, se tomó en el peor contexto posible, es decir, en medio de una pandemia y sin posibilidad de diálogo. Tal como manifestó el Jefe de Gobierno de la Ciudad, la última vez que dialogó con el presidente Fernández el tema de la coparticipación federal había sido en marzo y, desde entonces, no se volvió a tocar el tema. Luego vino la pandemia y los esfuerzos se centraron en combatir el coronavirus y la elaboración de medidas para evitar la propagación del virus. La política sanitaria cobró un inusual protagonismo y algunas jurisdicciones tuvieron que hacer mayores esfuerzos en ése área.

En concreto, la gestión de la pandemia también fue cuestionada al principio. Recordemos que la Ciudad fue la primera jurisdicción en reportar casos positivos por coronavirus. Este virus llegó a Argentina de manera “importada”, es decir, a través de aquellas personas que arribaron de los países donde el virus circulaba de manera comunitaria. Y muchos dirigentes quisieron aprovechar ese momento para sacar alguna ventaja política en sus discursos que, al ver la rápida expansión del virus, debieron llamarse a silencio. La rápida respuesta del gobierno de Horacio Rodriguez Larreta y la puesta en marcha de los dispositivos sanitarios para contener los contagios ha resultado ser muy eficaz en su implementación y esto ha generado también comparaciones con el resto de las jurisdicciones. Hoy, en retrospectiva, estamos asistiendo a una embestida inédita sobre la Ciudad y totalmente fuera de contexto de lo que estamos viviendo los argentinos, más preocupados por la cuestión sanitaria y las consecuencias económicas del coronavirus que por peleas que el kirchnerismo quiere imponer en el escenario político.

RR: ¿Qué piensa sobre el apoyo de algunos de los gobernadores a esta medida?

CP: Entiendo que muchos gobernadores apoyaron esta medida porque esperan recibir algún punto de la coparticipación que le quitaron a la Ciudad. Es decir, están a la espera de obtener alguna ventaja económica de esta situación. La realidad es que si miramos los números de la coparticipación federal, vemos que hay muy pocos incentivos para que los gobiernos tengan sus cuentas públicas ordenadas. Gran parte de las provincias financian sus gastos corrientes con lo que reciben de los impuestos nacionales. El actual sistema de coparticipación federal es redistributivo, esto quiere decir que las provincias más desarrolladas subsidian a las menos desarrolladas. Por un lado, las provincias que más recaudan a través de los impuestos coparticipables, como el IVA y Ganancias, de las actividades que se desarrollan en sus territorios, luego no reciben todo aquello que recaudan. Es decir, ya está contemplado algún tipo de balance y redistribución en el sistema actual, que data del 1973. Y desde entonces, muchas de las provincias financian sus déficit con lo que reciben de los porcentajes de coparticipación, generando una dependencia con el poder político y de los fondos del tesoro nacional. Si hacemos la comparación entre PBI y el porcentaje que reciben las jurisdicciones de los impuestos coparticipables, vemos que la Ciudad de Buenos Aires es el distrito que aparece más perjudicado: recibe un 68 % menos de lo que aporta en relación al PBI total. Entonces vemos que, por un lado, el sistema actual ya está diseñado como un sistema “solidario” con las provincias que tienen menos recursos y, por el otro, que este sistema no es suficiente para equilibrar las desigualdades de desarrollo entre las provincias, si pensamos que pasaron 47 años y las diferencias entre los distintos territorios se mantuvieron y, en algunos casos, se agravaron pero no por las desigual distribución de la coparticipación, sino por la mala gestión de los gobiernos provinciales. El caso del traspaso de la policía federal es un claro ejemplo de esto. En el año 2016, se realizó el traspaso de 19.000 efectivos y así se dio cumplimiento al mandato constitucional, dotando al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de los recursos para ejercer de manera plena el poder de policía en su territorio. Y se efectuó con sus correspondientes partidas presupuestarias. La Constitución es muy clara en este tema: cuando el Gobierno nacional traspasa una competencia a un distrito, tiene que transferir también los fondos necesarios para su funcionamiento. Y eso es lo que pasó con la Ciudad. Pasaron 4 años de gestión de Horacio Rodriguez Larreta y esos fondos se invirtieron y siguen invirtiendo para construir una policía profesional, como lo es la Policía de la Ciudad, de la que estamos orgullosos por el enorme esfuerzo diario que realizan todos los días.

Por eso podemos decir que es un tema de recursos, sí, y el sistema actual de redistribución ya lo contempla, pero también es un problema de mala gestión. 

RR: ¿Qué piensa sobre el discurso del Gobierno que respalda esta medida en la necesidad de corregir desigualdades?

CP: Tiene que ver con esto que comentamos antes. Somos un país federal, diverso y muy extenso geográficamente. Las desigualdades no surgen de un día para otro. Es producto de la acumulación de años de poco desarrollo productivo, mala gestión e infraestructura deficiente. No parece razonable atacar a un gobierno por haber podido diseñar e implementar sus políticas públicas, tener las cuentas públicas ordenadas y un desarrollo urbano sostenible. Lamentablemente, vemos cómo el gobierno utiliza falsos slogan para justificar una medida unilateral, que tiene que ver con asistir al gobierno de la Provincia de Buenos Aires ante la crisis provocada por el justo reclamo de los policías bonaerenses. Todos repudiamos la protesta policial frente a la Quinta de Olivos, pero de ninguna manera podemos convalidar semejante decisión. El gobierno nacional ha tenido que salir al auxilio del gobernador Axel Kicillof para resolver los problemas de una provincia que se mostró ineficiente ante el conflicto. En esta ocasión, le han quitado dinero a la Ciudad para darle a Provincia pero ante un nuevo problema, ¿a quién le van a quitar la próxima vez? Sin dudas este mecanismo socava el poder de los gobernadores y los hace dependientes del favor del poder central ¿este es el federalismo que defiende el presidente? El gobernador Schiaretti, que no firmó la carta de apoyo al presidente, debe haber tomado nota de este episodio y pensará que su provincia puede ser la próxima víctima en ocasión de tener que resolverle algún otro problema al gobernador Kicillof.

Es peligroso este camino iniciado. Pero especialmente cuando la desigualdad se manifiesta a la hora de votar. Ya sabemos que el populismo y el clientelismo es propenso a beneficiarse con las desigualdades y se alimenta de la marginalidad, prometiendo favores a cambio del voto. En el fondo la gente valora a los buenos gobernantes que saben gestionar y devuelven en infraestructura, cloacas, rutas, escuelas, jardines maternales, seguridad y conectividad, entre otras obras. Un ejemplo es el caso de la Provincia de Buenos Aires, que durante la gestión de Maria Eugenia Vidal, se llevó la atención del SAME a todos los bonaerenses y fortaleció la atención primaria de salud en centros y hospitales ¿Cómo hubiese sido la pandemia en el conurbano sin estos logros? La verdad es que da miedo pensar en la desidia con la que se trata a la población en algunas jurisdicciones.

RR: Cambiando de tema, usted es una referente histórica del PRO. ¿Qué opina de las palabras del ex presidente Mauricio Macri vertidas en la columna de opinión en La Nación del domingo?

CP: El ex presidente Mauricio Macri se ha expresado sobre la situación nacional porque había muchos argentinos que esperaban su palabra porque valoran positivamente su visión sobre el funcionamiento de las instituciones y los diferentes aspectos de la realidad política del país. A pesar del esfuerzo de la comunicación del oficialismo por mostrarlo lejos y sólo, no podemos olvidar que hace poco menos de un año participó de una elección presidencial en la que, a pesar de la difícil situación económica que atravesaba el país, obtuvo el 41% de los votos. Es decir, alrededor de 11 millones de ciudadanos argentinos lo eligieron para presidente. Y después de ese episodio, ha recibido permanentes muestras de apoyo, varias de ellas en calles que algunos creían que les pertenecían. Esta aclaración puede parecer una obviedad pero hay un discurso permanente que pretende instalar un escenario artificial divorciado de la realidad, donde se ningunea al enemigo. Lo extraño sería que no importara la opinión del dirigente que transformó la política argentina en menos de dos décadas, creando un espacio, de la nada, generando una revolución en la Ciudad de Buenos Aires, haciendo ganar la provincia de Buenos Aires y llegando a la presidencia de la república. Y yo era una de las que esperaba sus opiniones y, por supuesto, comparto la mayoría de las cosas que ha dicho. Especialmente comparto la preocupación por el avance sobre las garantías constitucionales, por el atropello a las instituciones de la república. También me preocupa una reforma judicial que se impulsa sólo para beneficiar a una persona. Y comparto su preocupación por la construcción y el fomento del clientelismo, del que se vieron librados los argentinos durante los cuatro años de su gobierno. Pero lo que en este momento más comparto es su preocupación por los despojos que están sufriendo los porteños por parte de un oficialismo que soluciona los problemas de sus amigos, sacándole lo que les pertenece a sus enemigos. Cuando Kicilloff vuelva a estar en apuros, ¿a quién le van sacar? ¿Otra vez a los porteños o irán por alguna provincia que les resulte esquiva? Y tampoco puedo dejar de compartir, más allá del respaldo a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, lo que manifestó después, cuando dijo que «La postura de Horacio nos dejó muy bien parados a todos» porque es exactamente lo que yo sentí esa mañana.

Carmen Polledo es diputada nacional de Juntos por el Cambio por la Ciudad de Buenos Aires.

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