DARÍO LOPÉRFIDO SOBRE MILEI: «HACER CAMPAÑA EN CONTRA DE LA OPOSICIÓN Y NO DEL OFICIALISMO ME RESULTA MUY PELIGROSO»

REVISTA REPUBLICANA: En el 2001 usted vivió de cerca momentos difíciles del país cuando, entre otras cosas, se atravesaba una crisis de representación. ¿Cuáles cree que son las señales más identificables de que un gobierno ya no cuenta con apoyo o confianza por parte de la población ? ¿Cómo ve al gobierno de Alberto Fernández en ese sentido?

DARÍO LOPÉRFIDO: La situación paragonable al 2001 es la extraordinaria crisis económica. Hay que tener en cuenta que en el 2001 De la Rúa ya llevaba dos años de gobierno y había pasado una elección intermedia en la que le había ido mal. En este caso, todavía no se llegó al año lo cual es para mí muy preocupante. Creo que la caída de imagen que se viene manifestando en las encuestas de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner, es muy notoria. Semana a semana van perdiendo los apoyos que tenían. Los dos tienen imagen más negativa que positiva y, de lo que yo no tengo ninguna duda, es que ese proceso va a seguir muy rápido. Están dilapidando la confianza pública a una velocidad muy impactante y no tengo ninguna duda de que esto va a seguir en ese proceso porque la crisis económica es muy grande y porque el gobierno es muy inoperante. El gobierno de Alberto está sometido todo el tiempo una a una situación de falta de liderazgo político, entonces por un lado está la cosa muy autoritaria y de ir al frente de Cristina Kirchner y por el otro lado, está el sometimiento y la mala praxis gubernamental de un gobierno que es muy flojo área por área. Lo habían tapado al principio con lo del tema del coronavirus, pero ahora también se ve que es un fracaso enorme la gestión de sanitaria. Argentina tiene de los peores guarismos en materia de muertos por millón de habitantes y en materia de falta de testeos y de seguimiento, que fue lo que hicieron los países a los que les va mejor. Entonces, no hay forma de ocultar que el gobierno es malísimo. La única diferencia respecto al 2001 es que, en ese entonces, la oposición era golpista. La oposición con Duhalde quería claramente quedarse con el gobierno y eso fue lo que pasó y se mostró claramente en diciembre del 2001, con el apoyo de sectores empresariales que querían la devaluación y lo que pasó después con los grandes negocios que hicieron a costa de empobrecer a la población, como la pesificación asimétrica y todas esas cosas. Ahora no pasa eso. Ahora hay una oposición dura pero no una oposición golpista. La diferencia que noto es básicamente esa: una diferencia en términos de la calidad democrática de la oposición distinta a la del 2001 que jugó al golpe. Ahora la oposición es republicana.

RR: ¿Qué piensa sobre la postergación del tratamiento de la ley de legalización del aborto? ¿A qué cree que obedece?

DL: Con respecto a la postergación del aborto creo que los sectores que apoyaban el aborto-que eran kirchneristas- están viendo una vez más la tontería que hacen en creerle al gobierno de Fernández que apoya solo de la boca para afuera reivindicaciones de este tipo. Después, las pone de acuerdo con su marco de alianzas en el momento. Hay que acordarse que Cristina Kirchner- que en la época de Macri hablaba del aborto- durante todos los años que fue presidenta no hizo nada por el aborto. No mandó un proyecto de ley al Congreso ni nada por el estilo. También creo que hay un acuerdo con Bergoglio- que es muy elocuente ver cómo jugó muy fuerte para este gobierno- y ahí debe haber una cantidad importantísima de negociaciones que hacen que se postergue esto, que por supuesto es un tema que al gobierno claramente no le interesa. Es parte de la fantasía de los sectores progresistas, que creían en Alberto Fernández. Es una fantasía de gente que no entiende nada de política. No hay ningún apuro ni ningún interés. Paradójicamente, la señal clara le había dado el Gobierno anterior habilitando el tratamiento de la ley en el Congreso cuando incluso había muchos sectores de juntos por el cambio que no estaban a favor de hacerlo y, sin embargo, tuvieron una actitud muy democrática y después la votación salió cómo salió. Pero es muy curioso lo que pasa con los sectores que apoyan este tipo de reivindicaciones. Estaban en contra del anterior gobierno que fue el que habilitó el tratamiento de la ley, pero se rasgan las vestiduras y están a favor de este gobierno, que no les cumple ninguna de las expectativas que ellos tenían y esto va a seguir siendo así. El gobierno usa al progresismo. Este gobierno no es progresista de ninguna manera, es un gobierno completamente populista y está manejado por señores feudales. Lo que hacen es apoyar algunas cosas cosméticas de la ideología de género y hablar con la “E” y esas cosas. Pero para los que creyeron que el gobierno tenía una agenda progresista, no es así. Tiene una agenda de reivindicación de la política de los años del kirchnerismo y de tratar de solucionar los problemas judiciales que tiene Cristina y su familia.

RR: Milei y Espert están armando una alternativa liberal. Ricardo Lòpez Murphy está armando su espacio. Y por otro lado está MEJORAR . ¿No cree que sería mejor que todos confluyan dentro de un mismo frente opositor con JXC ? En política, como usted sabe, algunos espacios arman colectoras para perjudicar al contrincante y restarle votos. ¿Cómo se hace para no caer en esa trampa?

DL: Yo estoy de acuerdo con lo con lo que planteas de las colectoras, que son para beneficiar al oficialismo. Yo estoy hablando mucho con Ricardo López Murphy y creo que hay que tener mucho cuidado con lo que se hace y que no hay que tomar ninguna definición, por ahora. Hay que tratar de hablar con todos los sectores porque, por un lado, a la elección del año que viene de ningún modo se puede ir a competir en los lugares donde se elige al senador ya que favorecerá al kirchnerismo, que puede lograr un senador más si se si se divide la oposición. En esos lugares no hay que ir a competir, sino que hay que tratar de llegar a un acuerdo claramente con Juntos por el Cambio. Luego, está el tema general, porque está habiendo un deterioro muy grande si vemos las noticias de las últimas semanas. El Senado prácticamente es el feudo de Cristina Kirchner que, para lo único que sirve es para hacer operaciones del kirchnerismo más duro. Hay un avance sobre la Corte Suprema tremendo con pedidos de juicios políticos en una ofensiva brutal. Por ejemplo, con Moreau, que es un “cachivache” pero es una persona que habla con Cristina Kirchner y tiene experiencia en estas cosas, que ya sale a pedir directamente voltear a toda la Corte. Entonces, cuando lo que estamos viendo es un avance sobre las libertades, sumado a los casos de muertes y desapariciones que hubo durante la cuarentena y a todos los postulados autoritarios, no se pueden tomar definiciones en este momento. Porque si sigue el deterioro institucional, vamos a tener que hacer una opción republicana muy fuerte. Esto no quiere decir que yo hable mal de los que quieren competir, pero diría que tengan cuidado. Con respecto al lanzamiento que han hecho Milei y Espert, yo no diría nunca que no tienen derecho a hacerlo. Pero salir a hacer campaña en contra de la oposición en lugar de hacerlo en contra del oficialismo, que está llevándose la institucionalidad y el estado de derecho por delante, a mí me resulta muy peligroso . Hasta ahora, desde que anunciaron que se lanzaban hablan más en contra de Juntos por el Cambio que en contra del kirchnerismo, cuando hay una situación en la que la República y las instituciones democráticas están en serio riesgo. Yo sería muy cauteloso y hay que moverse con mucha responsabilidad. Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a ser crítico. Yo fui muy critico de algunas cosas de cambiemos. De hecho, yo estoy convencido de que aquí en la Argentina hace falta una batalla cultural, una lucha por las ideas muy fuerte por la distorsión histórica que produjo el kirchnerismo en el aparato de ideas y en la historia Argentina. De hecho, cuando yo intente hacerlo, a mí no me no me sostuvieron en Cambiemos y creo que ese problema, Cambiemos todavía lo tiene. Pero de ninguna manera se puede comparar a un gobierno democrático, con una agenda republicana, que respetó a las instituciones y que buscó la reinserción internacional con los Estados Unidos, con Europa y las principales potencias, como fue el de Cambiemos. Que tuvo problemas en la economía, por cierto, y que tuvo problemas, a mi juicio, en no dar un debate muy fuerte acerca del fraude histórico. Pero un gobierno democrático, frente a un gobierno con una impronta autoritaria muy fuerte. Si Espert Y Milei se lanzan y lo que hacen es salir todo el tiempo hablar mal de los opositores y pretenden ser la oposición de Juntos por el Cambio, yo creo que se están equivocando. Hay que buscar márgenes de acuerdo entre todos los sectores republicanos. Sino, los que van a estár más contentos con el lanzamiento van a ser los sectores del kirchnerismo. Hay que ser mucho más prudentes en este momento, aunque toda la gente tiene derecho a tener su partido, a hacer política y eso hago yo que hablo con mucha gente y estoy conversando con Ricardo López Murphy. Ambos somos de la idea de que hay que formar espacios, pero hay que tener en claro que si sigue este nivel de deterioro también hay que tener un diálogo permanente con las fuerzas republicanas y Juntos por el Cambio también tiene que hacer un esfuerzo por escuchar a los sectores que están afuera y que provienen de fuerzas liberales.

RR: ¿Usted cree entonces que hay una oposición republicana y un gobierno que carece de esta característica?

DL: Si, totalmente. La oposición puede tener problemas y hay gente de la oposición que me gusta más y otra que me gusta menos. Yo reivindico mucho el trabajo de gente como Patricia Bullrich, como Fernando Iglesias y como Waldo Wolff. Los sectores que más dan la batalla y que más discuten. Hay otros sectores que me parece que a veces son demasiado tibios para la gravedad de la situación que plantea kirchnerismo, pero con todas mis diferencias con algunos y otros, claramente el sector político de la oposición es un sector con una vocación y una agenda republicanas. El Gobierno tiene una agenda, como dije antes, en la que el Senado se ha convertido en el club privado de Cristina Kirchner. Buscan meter jueces de Justicia legítima- que directamente parecen estalinistas- y buscan copar los juzgados con ellos. Quieren remover a los jueces que investigan la corrupción de Cristina Kirchner y largaron a presos que estaban presos por corrupción, como es el caso de Boudou. Es decir, el gobierno no tiene una agenda para nada republicana y ahora quieren llevarse por delante a la Corte Suprema. Hay un sector de la política que puede tener problemas, pero que es republicano, que defiende la democracia, que defiende una agenda de libertad de las personas y hay otro que no cree en eso. El kirchnerismo no defiende de ninguna manera esos valores y los que hablan con el eslogan de terminar con la grieta es como decir que María Corina Machado en Venezuela tiene que terminar la grieta con Maduro- que es un dictador- ella siendo una dirigente democrática. La grieta no tiene que ver con ser peronista o no ser peronista, la grieta tiene que ver con defender valores republicanos o no defenderlos. Yo no estoy en la grieta porque una parte de la de la política piense distinto a mi, yo solamente estoy en contra de los que no defienden los valores republicanos. Claramente si, hay una oposición republicana y un gobierno que carece esa característica.

RR: Por último. ¿Qué le parece la idea que surgió de cambiarle el nombre al CCK y ponerle el de Joaquín Salvador Lavado «Quino»?

DL: Ponerle al CCK el nombre de Quino me parece una idea muy buena. Quino realmente ha sido una persona de importantísima en la cultura Argentina y a nivel mundial, porque es famoso en todos lados. Por supuesto que lo apoyo y estoy a favor. Lo vengo diciendo desde hace muchos años. Es aberrante que ese Centro Cultural se llame Kirchner. Es una cosa impresionantemente fascista y eso de ponerle el nombre de su dinastía política a un Centro Cultural lo hacían los fascistas. Además, como si Kirchner alguna vez hubiese tenido algún interés en algo vinculado a la cultura. De modo que, para los que siempre hemos sostenido que ese nombre es una vergüenza fascista, apoyamos cualquier cambio de nombre que sea un nombre sensato y lógico para un Centro Cultural.

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