HERNÁN IGLESIAS ILLA: «AUNQUE OFICIALMENTE DESPRECIAN LAS MARCHAS, EL GOBIERNO ACUSA EL GOLPE»

REVISTA REPUBLICANA: La marcha de este 12 de Octubre es parte de un fenómeno que no es nuevo. ¿Cómo analiza la evolución de este tipo de manifestaciones? ¿Cuál es el rol de la oposición en todo esto?

HERNÁN IGLESIAS ILLA: Veo el origen de estas marchas en aquellas de 2012 y 2013 que sorprendieron al kirchnerismo y le pusieron un freno al “vamos por todo”. Y, quizás, en las marchas de campo y ciudad de 2008 que lograron frenar las retenciones móviles. En el último año, la marcha fundacional, que marcó el rumbo y puso el tono a las manifestaciones que siguieron, fue sin duda la del 24 de agosto, dos semanas de las PASO, en la que miles de personas fueron a Plaza de Mayo a mostrarle su apoyo a Mauricio Macri. A partir de ahí vinieron las marchas del “Sí se puede”, que dejaron activada políticamente a una parte importante de la población. Los banderazos de este año son sin dudas una continuación de ese proceso.

Son marchas muy contemporáneas, similares a las que están ocurriendo en otras partes del mundo, en el sentido de que no tienen líderes claros, son políticas pero no necesariamente partidarias y el vehículo de convocatoria son las redes sociales. Me sorprenden, cuando participo de ellas, la serenidad y la convicción de sus manifestantes, la sensación de que no quieren volver a delegar la acción política y que se sienten participantes fundamentales del proceso político.

Es indudable que las marchas ciudadanas de este año ayudaron a frenar la estatización de Vicentín, la aprobación de la reforma judicial (por ahora) y a quitarle energía a los intentos del oficialismo por imponer una hegemonía política. Creo que eso es lo que más confunde y molesta al gobierno de estas marchas: la sensación de empate hegemónico y de que no pueden imponer su agenda fácilmente.

Sobre el rol de la oposición, digo que hay que acompañar y representar. Los dirigentes de Juntos por el Cambio que participan de las marchas lo hacen a título personal, como uno o una más, en sus autos, sin reclamar protagonismos ni liderazgo, sabiendo que el mensaje principal es la manifestación popular. Pero al mismo tiempo muchos de los que marchan son votantes de JxC, comparten nuestros valores y tienen sus esperanzas de recambio puestas en algunos de nuestros dirigentes. Por eso hay que estar cerca y canalizar las demandas de esta parte de la sociedad, que puede sentirse huérfana y desorientada si no le damos una representación acorde.

RR: Pareciera que el gobierno nacional tiene problemas para escuchar los reclamos de estos sectores. ¿Porqué cree que pasa esto?

HII: Porque no volvieron mejores, volvieron con el mismo dispositivo político con el que se fueron del poder en 2015. Ante una protesta, la reacción automática es descalificarla desde el inicio, más allá de los reclamos, burlándose de su tamaño o del origen social de los que marchan u obsesionándose con expresiones marginales para salpicar al todo y acusarlas de antidemocráticas o violentas. De todas maneras, aunque oficialmente desprecian las marchas, el Gobierno acusa el golpe, porque cada marcha le quita iniciativa a su agenda más radical.

Esto es algo que la coalición oficialista no quiere escuchar pero que a mí me parece muy claro. Los banderazos crecieron a medida que Alberto Fernández abandonó su tono conciliador, en el comienzo de la cuarentena, y aceleró la agenda y el tono kirchnerista, con Vicentin, los atropellos judiciales y el manotazo a la Ciudad de Buenos Aires, entre otros hitos. Y una mayoría de la sociedad no quiere kirchnerismo.

El otro día dije esto en tuiter y se me tiraron encima miles (literal) de oficialistas indignados que me recordaron el resultado de la elección de 2019, como si yo no lo supiera. Pero insisto con el mismo punto: muchos argentinos votaron a Alberto Fernández con la esperanza de que fuera moderado en lo político y recuperara la economía. No lo votaron por cristinista (muchos otros sí, por supuesto). A medida que Alberto se encerró en la burbuja cristinista –lo mismo da si por decisión propia o presión ajena–, perdió apoyo popular (es lo que muestran las encuestas) y perdió la confianza del círculo rojo, que también tuvo la esperanza de una vía peronista moderada y de ninguna manera quiere un regreso del kirchnerismo.

Por eso digo que la kirchnerización le hace daño al Gobierno: porque lo encierra en un grupo de votantes muy específico y porque le quita toda la confianza de actores que ya convivieron con el kirchnerismo y no lo quieren volver a hacer.

RR: Durante el gobierno de Cambiemos, la comunicación parecía ser más vertical o, al menos, más ordenada. ¿Cómo ve la comunicación de este gobierno en ese sentido?

HII: Veo una contradicción muy clara entre la comunicación de Presidencia, que publica piezas donde se destaca la unión entre los argentinos (#ArgentinaUnida), con las declaraciones de sus voceros, en las que permanentemente se deja afuera de los argentinos de bien a los votantes opositores o a todo aquel que muestre intereses opuestos a los del gobierno. Entonces la comunicación oscila entre esta visión idealizada que tiene el Gobierno de sí mismo y la cacofonía real, mucho más agresiva, de la coalición gobernante.

Me parecen especialmente preocupantes, en las últimas semanas, la insistencia del presidente y el jefe de Gabinete en calificar de odiadores a todos los que no están de acuerdo con ellos. Me parece peligroso, e incluso autoritario. Ellos lo presentan como una preocupación democrática (“terminemos con los discurso de odio”), pero machacar constantemente sobre el odio ajeno es una táctica cuyo resultado principal es, justamente, fomentar el odio y deteriorar la convivencia social y política.

RR: En la entrevista de Mauricio Macri en «Desde el Llano», el ex mandatario afirmó que se arrepiente de no haberle explicado a los argentinos la situación real del Estado y la economía que había heredado de Cristina Kirchner. ¿Qué piensa sobre eso? ¿Usted coincide con ese análisis?

HII: Coincido, pero con algunas aclaraciones. La primera es que la decisión de poner el foco en el futuro estuvo condicionada por una serie de factores. Uno, no menor, es que la crisis era asintomática. La economía kirchnerista llegó a diciembre de 2015 con la lengua afuera, sin reservas en el Banco Central, con un déficit impagable, sin energía, cepos por todos lados, inflación reprimida y con un Estado que no le pagaba a nadie desde mediados de año. Pero habían logrado llegar al final del mandato sin que esos problemas de base se manifestaran en la superficie. Por lo tanto, la tarea de explicar una crisis estructural pero asintomática, a una sociedad con ganas de empezar una etapa nueva, tampoco era fácil.

La segunda aclaración es que el Gobierno debía tomar decisiones rápidas, como sacar el cepo y salir del default (arreglar con los holdouts), que sí o sí necesitaban un clima de optimismo sobre lo que venía. Habrían sido mucho más difícil, o habría llevado más tiempo, en un clima de negatividad o de crisis estructural.

La tercera aclaración es que, de todas maneras, sí se le comunicó a la sociedad el estado en el que recibimos el país. No con el énfasis suficiente, pero en la primera semana de gobierno se decretó la emergencia eléctrica, el presidente Macri dedicó dos tercios de su primer discurso en la Asamblea Legislativa a contar la herencia recibida y publicamos un informe detallado, llamado “El estado del Estado”, en el que explicamos toda esta situación.

Visto con perspectiva, coincido en que fue insuficiente. Sobre todo porque esa situación de origen, combinada con la debilidad política del gobierno (minoría en ambas cámaras, 5 de 24 gobernadores, hostilidad de las centrales obreras), iba a exigir un esfuerzo importante de la sociedad para equilibrar la economía, no sólo con los aumentos de tarifas. El esfuerzo al final se hizo, más por las malas que por las buenas, pero los resultados no llegaron a tiempo a las elecciones de 2019.

RR: Por último, usted estuvo colaborando junto a Pablo Avelluto en un libro en el que el ex presidente Macri contará, en sus propias palabras, su paso por la presidencia. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Se puede adelantar algo?

HII: Fue una gran experiencia, tanto en lo personal como en lo político. Me permitió conocer mejor a Mauricio, entender sus decisiones, las limitaciones que tuvo y por qué sigue teniendo confianza en los argentinos y en la Argentina. El libro es de él. Nosotros lo ayudamos a estructurar y ordenas sus ideas y sus recuerdos, pero el único autor del libro es Mauricio. El libro quedó muy bueno, en mi opinión. Es una memoria política de una honestidad y una autenticidad poco vistas en la política argentina.

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