CAMILA CRESCIMBENI: «NO PODEMOS INVISIBILIZAR LA ANGUSTIA QUE ESTÁN ATRAVESANDO LOS JOVENES»

REVISTA REPUBLICANA: Uno de los puntos altos de la gestión del gobierno de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires tuvo que ver con las políticas de seguridad. ¿Cómo analiza al gobierno de Kicillof en ese sentido?

Camila Crescimbeni: Las políticas de seguridad en la Provincia hoy dejan mucho que desear. Falta prudencia, coordinación Nación- provincia- que es fundamental- y profesionalismo para encarar un contexto tan delicado y desafiante como el que estamos atravesando hoy. La inseguridad es uno de los temas que más nos preocupan a los bonaerenses, y el panorama evidencia que es un gobierno compartimentado y poco empático para resolver los desafíos que enfrentamos. Todos los sectores sociales están padeciendo esas contradicciones. Este último tiempo en el Conurbano hubo incremento de delitos armados y al mismo tiempo, mientras algunos policías están haciendo un esfuerzo enorme para contener la situación, también nos encontramos en esta cuarentena con la desaparición de Facundo Astudillo Castro. Además, hay un contraste muy potente, porque venimos de un gobierno como el de Maria Eugenia Vidal y Cristian Ritondo en Seguridad, que hizo tanto foco en luchar contra las mafias y el narcotráfico. Las políticas de seguridad fueron fundamentales para que pudiéramos recuperar la confianza entre los bonaerenses y desarrollar nuestros proyectos de vida. Da tristeza ver que no se pueda sostener esa política de estado que estaba contribuyendo a cuidar a los bonaerenses.

RR: ¿Qué piensa del fenómeno de las tomas de tierras que se está dando en distintos puntos del país?

CC: Para empezar, que el gobierno está generando una confusión muy grande respecto de cuál es el camino para progresar y desarrollarnos en nuestra sociedad. Las tomas son también una expresión de esas contradicciones en el mensaje de un gobierno que no está resolviéndolo ni desde el punto de vista de la inclusión y del acceso a una vivienda digna, ni desde el punto de vista de la seguridad y la la prevención.
Se sigue erosionando el tejido social. No hay reglas claras para convivir juntos. Y sumado a eso, está la deuda histórica de una vivienda digna para todos los argentinos, de programas que faciliten el acceso y de un Estado que pueda acompañarnos en algo tan básico como un techo, como los que empezamos desde Juntos por el Cambio en materia de hábitat y vivienda.
En nuestro país, 1 de cada 3 hogares tiene problemas de vivienda. Y de esos 4 millones de hogares, se necesitan construir 1,5 millones de viviendas y el resto, son casas ya construidas pero que tienen problemas de calidad, falta de acceso a servicios básicos o situación de hacinamiento. Esta crisis habitacional está acrecentada también por la ausencia de políticas en los barrios populares de nuestro país durante tantos años, cosa que trabajamos en nuestra gestión nacional con la integración social y urbana en barrios populares, la sanción de la ley del ReNaBap y las políticas de créditos para el acceso a la Vivienda. Ahí también había un principio de política de estado que el Gobierno debería sostener en pos del bienestar común.

RR: Cambiando un poco de tema. Este año fue su primera experiencia como diputada nacional y se encontró con el panorama de la pandemia y un Congreso que no logra tener un normal funcionamiento. ¿Cómo vive esta situación?

CC: La planificación del año fue muy distinta de la realidad. Tuvimos que adaptarnos muy rápidamente a trabajar coordinadamente a distancia y a posponer algunas agendas, por ejemplo la vinculación que habíamos empezado con los diputados sub 35 de todos los espacios en pos de construir una agenda de consensos en políticas públicas. La prioridad absoluta fue la reactivación económica, el bienestar y la salud. Personalmente, me toco vivir mi primer embarazo y la maternidad en plena pandemia y aislamiento, con lo cual fue un año muy particular.
En cuanto al trabajo parlamentario en sesiones y comisiones, la virtualidad ha sido una herramienta necesaria, pero hace tiempo que desde JXC venimos trabajando para que el Oficialismo garantice la presencialidad.

La seriedad que merecen los debates que estamos dando, sumado a la riqueza que se genera en los intercambios presenciales y las relaciones que se pueden forjar en el día a día son fundamentales para este trabajo, y los diputados y diputadas no somos trabajadores “especiales”. Fue y es un año muy duro para todos, estudiantes, comerciantes, productores, trabajadores de servicios, para todas las comunidades. Y nuestro deber sigue siendo representar a los argentinos que nos votaron para ocupar estas bancas y ser su voz en la Cámara.

RR: Usted fue presidenta de la Juventud del PRO. Desde esa experiencia. ¿Cómo cree que impactará la pandemia y esta “nueva normalidad” en el desarrollo de los liderazgos jóvenes en el mundo?

CC: Creo que los jóvenes fueron los primeros en aceptar la virtualidad y en adaptarse, con lo bueno y con lo malo. Hablo con colegas de distintos países, desde Alemania, Dinamarca, India, Ecuador, Brasil, Australia, etc. Y es sorprendente como la agenda de estos países muchas veces va por otra senda donde el foco está puesto obsesivamente en cómo lograr crecimiento, desarrollo y equidad: empleo, planes educativos sostenidos en el tiempo con una direccionalidad, desarrollo sostenible, transiciones digitales, inteligencia artificial, etc. Y nosotros muchas veces seguimos con el mismo discurso que el siglo pasado, unos vs. otros y la constante inestabilidad económica en vez de poner energías en potenciar la industria del conocimiento, en desplegar los enormes talentos jóvenes que tenemos, en ampliar las becas educativas, en priorizar el acceso al empleo para los jóvenes como factor de movilidad social.
No podemos invisibilizar la angustia que están atravesando adolescentes y jóvenes en términos de salud mental y emocional, preocupadas por el futuro de nuestro país, muchos con la idea de que Argentina está “condenada” a fracasar.  Es una idea deprimente pero de nosotros depende que ese no sea un “destino”. Veo urgente que reconstruyamos un camino de progreso como mencionaba antes para que los jóvenes veamos en Argentina un país que apuesta por nosotros y no que nos suelta la mano. Es nuestro presente y futuro que estamos hipotecando, y tenemos que asegurar que vamos a hacer lo imposible para que cada joven que quiera vivir y desarrollar su proyecto de vida en nuestro país, tenga las herramientas para hacerlo.

Un ejemplo cortito: cuando trabajaba en Educación de Ciudad, uno de los proyectos de gobierno fue la escuela pública bilingüe chino-Argentina, que dictaba la curricula en español y chino mandarín desde salita de 3, en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. Eso es igualdad de oportunidades en serio. ¿Qué posibilidades de despliegue personal y laborales le das a una o un adolescente que habla chino como casi primer idioma? Infinitas. Creo que nos merecemos más de eso y menos de debates en el aire que nos dejan afuera de nuestras propias oportunidades como nación.

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