TODO A LA PARRILLA

Cuando la mayoría de los argentinos rasca la olla para llegar a la segunda quincena del mes y el país pasó la barrera de los 90 mil muertos por el virus, la discusión pública por estos días se centró en otra interrogante mucho menos importante y urgente: el futuro de María Eugenia Vidal.

Algunos sostienen que las reiteradas declaraciones de amor incondicional por parte de la ex gobernadora a sus bonaerenses, por estas horas, podrían estar jugándole una mala pasada con respecto a sus nuevos planes de desembarcar en la ciudad de Buenos Aires. El mismísimo Alfredo Cornejo, ex gobernador de Mendoza y presidente de la UCR, en tono socarrón, repetía en la prensa por estos días una pregunta: ¿Qué pasaría si a un ex gobernador de Mendoza, se le cruzara por la cabeza ser candidato gobernador de San Juan?

Del otro lado de la vereda de Juntos por el Cambio, sin embargo, aseguran que esta comparación podría ser un tanto injusta, ya que la «leona» acusa un curriculum capitalino nada despreciable, con su paso por la gestión de la ciudad como Ministra y ex vicejefa de gobierno. Más credenciales de las que tenía, por ejemplo, kicillof, para ser gobernador bonaerense.

Más allá de las discusiones sobre esta decisión en cabeza de Vidal, llama la atención la interna de JXC y la preocupación por las listas, las alianzas y los sueños desvelados de algunos dirigentes con la presidencia en 2023.

El PRO vive por estos días la interna más feroz dentro de la coalición. Allí la falta de cultura horizontal dentro del espacio sigue pasando facturas desde la salida de Macri como único líder indiscutido y de Peña como cerebro estratégico. El partido de la capital no ha sabido tomar lo bueno de su socia, la UCR, honrando una tradición de primarias y decisiones colegiadas. Es decir, la sana competencia para resolver conflictos.

Por su parte, el radicalismo, para dar la lucha en distritos importantes ha tenido que enfrentar su falta de renovación generacional y recurrir a figuras como la de Lousteau o -más recientemente- el neurólogo Manes. Tomando en este último caso el peor hábito de su socio PRO, que acarrea un problema de construcción histórico y que termina subsanando con figuras, por lo general, inexpertas y taquilleras. En definitiva, todos los espacios parecen sufrir su propia crisis.

Hace una semana, Jaime Duran Barba, experto en elecciones y en el mundo PRO, confesaba a la revista Seúl un consejo que le habría dado a Horario Rodriguez Larreta y que tenía que ver con no darle tanta importancia a las listas a diputados (en clara alusión a Patricia Bullrich). Según el ecuatoriano, la argentina no tiene una tradición de buscar presidentes en el recinto. Para Durán Barba, entrar en la Cámara es desaparecer en un mar de bancas y discursos que no conducen a ningún lado. Para la rosca política y la opinión periodística generalizada, pareciera todo lo contrario y se ha instalado que el futuro  presidente podría definirse en estas legislativas.

Siempre sostuvimos desde este espacio que uno de los principales males de la argentina es la falta de memoria. Sin ir tan lejos, en 2017, nadie se atrevía a fantasear con ser gobernado por Alberto Fernández y más de un futurólogo tuvo que tragarse sus palabras. Dos años en Argentina sin pandemia son un siglo. Dos años en las argentina del COVID son una eternidad.

Una sana solución para este cambalache del espacio opositor, podría ser la de evitar elucubrar sobre el 2023 y para este año poner toda la carne al asador como si no existiera un mañana. Después de todo, como dijo alguna vez el periodista Osvaldo Bazán: «seamos libres y lo demás se arregla». 

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