CRÓNICA DEL DÍA DESPUÉS DE LA DEBACLE DEL 11 DE AGOSTO DE 2019.

Por Nicolás Roibás

«El Presidente está en control, esto no terminó. Hay un ejercicio pleno del gobierno del presidente Macri. Acá no hay transición, las elecciones son el 27 de octubre «

Miguel Ángel Pichetto (12-08-2019)

El lunes 12 de agosto de 2019, los argentinos amanecimos en medio de una crisis política que agitaba fantasmas del pasado: una vez más, se ponía en duda la capacidad de un gobierno constitucional de terminar su mandato.

El día anterior, Mauricio Macri, había sufrido una derrota aplastante en las elecciones primarias frente a Alberto Fernández, el candidato del Frente de Todos: una alianza que reunía a las principales líneas del peronismo a partir de la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de no buscar una nueva presidencia.

Contra todos los pronósticos de las encuestadoras más reconocidas y de los mercados económicos, la diferencia entre los principales candidatos era de 15 puntos. Este golpe inesperado, había llevado al entonces presidente Macri a realizar una conferencia de prensa apresurada, luego de una noche sin dormir.

Las razones del insomnio presidencial, más allá de la derrota política; tenían como fondo una preocupación: la economía argentina, de seguro, entraría en un ciclo destructivo a partir de la reacción de los mercados económicos que sin haberlo previsto se encontraban, nuevamente, con la posibilidad concreta de que el kirchnerismo llevase las riendas de la argentina.

Macri se sentaba con los ojos colorados y visiblemente molesto, junto a él estaba su candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto, ambos dispuestos a asumir la derrota y a contestar las preguntas de los periodistas. El objetivo principal del mensaje era asegurar la gobernabilidad, hablar sobre una catástrofe económica que ya daba sus primeras señales desde temprano y reafirmar la competitividad de la fórmula derrotada.

Esa conferencia de prensa, posteriormente, levantaría críticas de la opinión pública y del periodismo en general. Pero la semana recién comenzaba…

El Presidente había reunido a su gabinete la noche anterior en busca de explicaciones. También lo había hecho esa misma mañana, y un poco más tarde, había convocado al equipo económico, previo a la apertura de los mercados.

Además de las reuniones internas del gobierno, era urgente hablarle a los argentinos. El estado de shock era generalizado porque, ni siquiera en las filas del Frente de Todos, auguraban una victoria por tanto margen. Las acciones argentinas se habían desplomado, el riesgo país volaba y el dólar había pasado de 40 pesos por dólar a 57. Todo esto en una mañana.

El Presidente comenzó la conferencia diciendo:

«Los votos que no nos acompañaron, representan una bronca acumulada por el duro proceso económico que hemos tenido que recorrer en estos tres años y medio; a partir del arranque de la herencia que recibimos y que era realmente muy difícil…de la euforia que había en el mundo económico local e internacional el viernes a partir de encuestas- que estaban equivocadas y que decían que íbamos a tener un buen resultado- veíamos gente que venía a invertir, a apostar, a comprar empresa argentina, a traer dinero generando empleo y oportunidades de progreso para todos. El día lunes, ante el resultado adverso al Gobierno y favorable al kirchnerismo, lamentablemente, hoy hemos tenido un día muy malo. Hoy estamos más pobres que antes de las PASO»

El mensaje del presidente se centraba en algunos ejes: explicarle a la población que el kirchnerismo no gozaba de credibilidad en el mundo, algo que se veía reflejado en la suba del riesgo país de 350 puntos tan solo en una hora. Hacer un llamado a la responsabilidad del Frente de Todos, para que lleve certeza a los mercados económicos sobre cuál sería su plan de acción en caso de confirmarse el resultado en octubre; y afirmar la idea de que esto que había sucedido, no era algo definitivo.

Miguel Ángel Pichetto, experto político, despejaba el mensaje con contundencia:

«El Presidente está en control, esto no terminó. Hay un ejercicio pleno del gobierno del presidente Macri. Acá no hay transición, las elecciones son el 27 de octubre»

Pichetto parecía reconocer la debilidad en la que se encontraba inmerso el gobierno a partir de la derrota, y, con sus intervenciones, buscaba acotar la catarsis del presidente.

El riesgo era claro: una sucesión de eventos que podrían llevar a la renuncia del presidente y un llamado anticipado a elecciones. Era un riesgo fundado, ya que el peronismo-del que Pichetto había sido un referente durante décadas- tenía una historia con respecto a la búsqueda por acelerar tiempos cuando olfateaba una chance de tomar el poder, así había sucedido en el final del gobierno de Raúl Alfonsín y en la crisis de 2001, con la salida repentina del ejecutivo de Fernando De La Rúa.

Días después, el 15 de Agosto, el candidato a vicepresidente diría ante un CCK repleto de funcionarios, en lo que era la primera reunión de gabinete ampliado luego de la elección:

«Acá estamos en un momento culminante, la lucha es por el poder. Y por lo tanto, no va más la autoflagelación…Acá no empezó ninguna transición. Hay algunos analistas y también de los medios, que hablan cosas que no tienen que ver con la realidad: la complejidad del sistema electoral ha determinado un resultado, pero la elección definitiva que elige autoridades en la Argentina es el 27 de octubre y nos tenemos que preparar.»

Las preguntas de los periodistas en aquella conferencia del 11 de agosto no se hicieron esperar y, algunas de ellas, confirmaban los peores temores del gobierno:

-Teniendo en cuenta la situación del dólar, de los mercados, de la falta de legitimidad con respecto a la gobernabilidad por la magnitud de la derrota que sufrió Juntos por el Cambio. ¿Habló con Alberto Fernández? ¿Lo va a invitar a dialogar? ¿Está dispuesto a tomar medidas económicas que le pida el peronismo teniendo en cuenta que fue la fuerza que ganó en todo el país?-

-Usted habló de que el proceso electoral no castigue a los argentinos. ¿Se está evaluando algún adelantamiento de las elecciones para tener una transición no traumática, teniendo en cuenta, por ejemplo, lo que sucedió con el final del gobierno de Raúl Alfonsín?-

-¿Teme que en caso de que el 27 de octubre se confirme la victoria de Alberto Fernández, no pueda terminar el mandato el 10 de diciembre?

“Para mi queda claro, que hay un voto que expresó estos años en los que la situación económica ha sido muy difícil…yo lo sé porque a cada lugar a donde iba me decían que estaba duro, que la estábamos remando, y por eso entiendo y también agradezco a los siete millones y medio que nos han acompañaron y que siguen a pesar de que, también, han tenido sus dificultades; y espero también que aquellos que votaron al kirchnerismo o que votaron otras alternativas y que no quieren volver al pasado o no fueron a votar, porque mucha gente todavía no fue a votar. Entonces, estoy convencido que octubre es una gran oportunidad para que todos pensemos otra vez si realmente en el pasado vamos a encontrar algo positivo, o si realmente todos podemos acordar en un mayoría que el futuro de la Argentina pasa por seguir con esta agenda de cambio, integrándonos al mundo, y basándonos en fortalecer nuestra democracia, que, por ejemplo incluye, respetar los plazos electorales que uno tiene, los sistemas electorales, porque, esta elección, como decía Miguel, no sucedió. Vivimos en un mundo donde la gente vota de una manera un día y de otra, otro día…esto puede pasar de vuelta en octubre y para eso vamos a trabajar”

Macri terminó la conferencia de prensa hablando sobre la dificultades que había encontrado al asumir el gobierno, sosteniendo que, aún cuando quedaban cosas por resolver, se había avanzado en muchos sentidos y apelaba a su confianza en poder revertir el resultado.
En su libro “Primer tiempo”, el expresidente cuenta sus sensaciones de aquella noche previa: “No pude dormir, sobre todo porque sabía que a la mañana siguiente la reacción de los mercados iba a ser catastrófica. No podía dejar de pensar en la disparada del dólar y el riesgo país que ocurriría en apenas unas horas. No pude pegar un ojo”

Para el expresidente Macri, según cuenta en sus memorias, esa conferencia se había dado con “las heridas del día anterior aún sin cicatrizar”, aunque, para él y su entorno, en ningún momento de la conferencia se cargaron culpas a la población sobre los resultados de las PASO. La imagen que deja en el libro sobre sus sensaciones más profundas son más que elocuentes: una comparación con el secuestro que sufrió el 24 de agosto de 1991, el peor momento de su vida. Esto tenía una razón de ser.

 El clima general que se vivía era de total incertidumbre, ese día, sería recordado por los mercados como el “lunes negro”: la Bolsa argentina había caído 37,9% en pesos y casi 50% en dólares. El peso argentino había llegado a caer más de un 30%, y, unas horas antes del cierre, el dólar había llegado a cotizar a 60 pesos cuando el precio del viernes anterior a la elección era 45 pesos.

Las empresas argentinas en Wall Street también acusaron un duro impacto. La petrolera YPF, se había depreciado más de un 30%. El Grupo Financiero Galicia había caído más de un 50% y la filial argentina de BBVA (BBVA Banco Francés), perdía más del 50% de su valor en New York. Los analistas de Morgan Stanley habían rebajado la recomendación sobre Grupo Financiero Galicia y BBVA Banco Francés.
Los CDS o seguros de crédito (que miden lo que cuesta asegurar contra el impago una emisión de deuda) dispararon su precio hasta una probabilidad implícita de default del 70%, de acuerdo a Bloomberg.

El Banco Central argentino no intervino durante la mañana, pero luego decidió subir los tipos de interés del 53,5% al 74% para frenar la devaluación. Esta falta de reacción inicial del Banco Central, más tarde, sería el argumento principal del peronismo para decir que Macri había liberado al mercado para castigar a sus votantes, más allá de que esta hipótesis no explica el desastre en la bolsa.

La conferencia de prensa que había realizado Macri produciría reacciones en contra de algunos medios de comunicación opositores y personajes mediáticos.

Página 12 titulaba: “Un Macri derrotado acusó a la gente por la crisis que él desató”

Macri minimizó la derrota: “Esta elección no sucedió”, decía el diario Perfil.

Tiempo Argentino: Macri culpó a los votantes por la estampida del dólar: “No me puedo hacer cargo”

Infonews: Sin autocrí­ticas, Macri le echó la culpa a los votantes de Alberto Fernández y al kirchnerismo.

El conductor de televisión, Marcelo Tinelli, dedicaba los primeros minutos de su programa para decir: «Por favor, no te dejes vender el buzón que votamos bien o mal. ¿Quién tiene el puto derecho a juzgar el voto de otro argentino? Por Dios, es una locura eso. Hay que respetar todas las ideas, siempre. Después veremos qué pasa en octubre. Pero ese compromiso y humildad tienen que empezar desde ahora mismo para todos. La debacle no está en los 37 puntos, al contrario. En ese momento diría otra cosa: ‘Gracias a los 32 que nos votaron y a los 47 que no nos votaron porque nos hacen ver un montón de cosas que por ahí nosotros no estamos viendo. Mañana me voy a poner a laburar con ustedes… ¡No los mando a dormir!» Decía en alusión al discurso del Presidente en el búnker de la noche del domingo, cerrando la jornada cuando aún faltaban resultados oficiales.

El conductor terminaba diciendo: «Ojalá sigamos votando. Gracias a todos, realmente. No se dejen llevar, no son culpables de nada. Son culpables de lo más lindo, que es estar en democracia en la Argentina. Festejemos y aplaudamos eso».

Esa misma mañana, Alberto Fernández había estado reunido con Cristina Kirchner y Axel Kicillof en el Instituto Patria, recibiendo las felicitaciones de los dirigentes del Frente de Todos que iban llegando a ese lugar. Según la crónica periodística, desde ese espacio se apelaba a la necesidad de dar un mensaje de “centro” y “tranquilizador”.
Eso se desprendía también del discurso que había dado Alberto Fernández desde su Búnker de campaña la noche anterior:

“…la Argentina es un país donde a partir de hoy se acabó el concepto de venganza y de grieta. Argentina dio un veredicto claro, que dice cambiemos. Argentina se dio cuenta que el cambio éramos nosotros, no ellos. Haremos todo lo posible para que los argentinos pacifiquen sus espíritus”

En la noche de ese mismo lunes, el candidato participaba de una entrevista en “Corea del centro”, un programa de televisión conducido por los periodistas María O’Donnell y Ernesto Tenembaum. Allí daba algunas precisiones sobre el camino que comenzaría:

 «El primer defensor de que Macri termine su mandato el 10 de diciembre, voy a ser yo», afirmaba.

«Quiero que los argentinos dejen de sufrir, si pudiera hacer algo para que no les pongan más padecimiento lo haría. El diálogo está abierto, pero yo no les quiero mentir a los argentinos: ¿qué puedo hacer yo? Soy solo un candidato, mi lapicera no firma decretos»

«El Gobierno escuchó, pero no entendió nada. Lo que vimos en la conferencia es que virtualmente van a seguir haciendo lo mismo». Y agregó: «Cuatro millones y medio de pobres y, ¿está orgulloso de lo que hizo?».

«No estamos preparando una economía cerrada, con cepo, y que sea perseguidora de inversores. Fui crítico de Moreno, de las intervenciones de la economía», contó. Y más adelante, sostuvo: «No voy a declarar la cesación de pagos, obvio que voy a pagar. No quiero caer en default de ningún modo. Es muy costoso salir del default»

La situación era compleja, porque, por un lado, al gobierno le quedaban cinco meses para terminar su mandato, en caso de que efectivamente en octubre se confirmase el resultado de las PASO. Cinco meses que se harían eternos, con un frente de tormenta económico que recrudecía por la falta de fortaleza de la figura de Mauricio Macri.

Macri además, tenía una campaña política por delante, ya sea para ver si lograba forzar un ballotage, o mejorar el desempeño de su coalición y así conseguir un buen contrapeso en el Congreso. La situación lo limitaba porque, a partir de ese domingo, se encontraba en una posición de inédita debilidad: un endurecimiento del discurso de Alberto Fernández, podría impactar en la economía de lleno, con lo cual, más allá del discurso del kirchnerismo desligandose de responsabilidades, la marcha de la economía ya no dependía enteramente del presidente.

Su equipo se ponía en duda y los rumores de renuncias eran permanentes, ya que se habían filtrado supuestas discusiones en el búnker el día de la derrota, y se decía que el Ministro del Interior, Rogelio Frigerio, había puesto a disposición su renuncia . En la conferencia de prensa, el presidente, había descartado cambios, aduciendo que no tenían sentido en este momento; algo que con el correr de los días no se mantendría a partir de la salida del Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, del gabinete.

Por el otro lado, en el Frente de Todos, imperaba la cautela, ya que eran conscientes de que debía contenerse el discurso más extremo de algunos sectores que lo integraban. Por un lado, las posibilidades de asumir el gobierno habían aumentado drásticamente de un día para otro, y necesitaban de las reservas del Banco Central para afrontar los meses subsiguientes: si se producían nuevas corridas, las intervenciones del Central podían consumir las reservas existentes.  Un verdadero teorema de Baglini: Cuanto más lejos estaba el kirchnerismo del poder, más grandilocuentes eran los enunciados políticos; pero ahora que estaban más cerca, todo se volvía más razonable, siempre y cuando en el gobierno aceptasen que la discusión política ya estaba resuelta.

Era cierto que había existido un voto “bronca” disciplinador para con Macri, y que parte de esos votantes se habían volcado a propuestas como las de Espert, Gómez Centurión y Lavagna; pero teniendo en cuenta que la elección que definía los cargos era en octubre, podría darse una suerte de reflexión del votante, si aparecía el temor de que el kirchnerismo no había cambiado. De allí la insistencia con el latiguillo “volvimos mejores” y el elogio permanente a los dones de moderación de Alberto Fernández.

El resto de la historia ya es conocida. El gobierno de Macri, sería el primer gobierno no peronista en terminar su mandato completo en casi 100 años. El 24 del mismo mes. serviría como una catarsis y un volver a empezar, con una marcha multitudinaria en la Plaza de Mayo. Pero ese día en que una idea de país se esfumó, todavía sigue presente en la memoria de una República.

3 Comments

  1. Impecable crónica; es irónico que los que precipitaron la marcha hacia el abismo son los que se beneficiaron en esa coyuntura. Cada vez que gane una elección un gobierno no peronista, veremos de nuevo a los Baradel, Yaski, Biró , la miserable Campora y toda esa banda atentando día a día contra la voluntad popular. Contra la República, contra la democracia. Quisiera haber visto a este gobierno con aquella operación en contra, no hubiera superado el año de gobierno.

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