LA NECESIDAD DE UNA UTOPÍA

Por Nicolás Roibás

La marcha de las piedras fue un acto de descarga, dolor, protesta, despedida, pero, a la vez, fue un hecho simbólico político de trascendencia.

A través de la historia, se han grabado caprichosamente algunas pocas imágenes que ilustran los acontecimientos que nos marcaron como sociedad. Es imposible, por ejemplo, olvidarse de aquella tarde de lluvia torrencial y paraguas, cuando salimos a las calles a rendirle homenaje al fiscal Alberto Nisman en lo que se denominó “La marcha del silencio”.

Sin embargo, en aquella ocasión, el clima agregó el marco de forma espontánea, a diferencia de lo que sucedió el lunes pasado, cuando la intención de una parte de la sociedad fue la de apelar a la metáfora voluntariamente.

La marcha de las piedras se afianzó en dos recursos imprescindibles para fijarse en la memoria de los argentinos: la emoción y la narrativa. Con este acto fuimos partícipes del dolor de aquellos que sufrieron pérdidas en este último año y medio y, por otro lado, los números dejaron de ser tales para transformarse en materia y en historias de vida.

Allí se puede advertir una transformación de la forma de ejercer la oposición en el campo de la discusión cultural de la política nacional. Una parte de la población está dispuesta a disputar el terreno que más le ha rendido frutos al kirchnerismo: el simbólico. Esa masa “republicana” ya venía imponiéndose en las calles, otro terreno histórico de la fuerza política que gobierna. Todos estos hechos hablan de que hay una “batalla cultural” en marcha, por mucho que algunos le escapen a esa idea y por más que un parte de la oposición reaccione tarde y con incomodidad ante este tipo de manifestaciones populares.

Del paso por el gobierno de Juntos por el Cambio se puede plantear una idea: no alcanza solo con la gestión, sino que la sociedad argentina vibra a partir de otros resortes que son tan necesarios.

Solo haría falta revisar qué hechos recuerda una buena porción de la gente sobre la gestión de Macri y seguramente allí entrarían la gala del Teatro Colón con las autoridades más relevantes del mundo y las marchas del SI SE PUEDE. Dejar de lado la importancia de esos mensajes puede jugar en contra a la hora de comenzar esta nueva etapa con la fortaleza política que la oposición necesita.

Hace unos meses, Jaime Durán Barba daba una entrevista para la revista Seúl de la que resulta interesante resaltar una frase en concreto: “Estamos en un momento en el cual o inventamos una utopía o nos vamos al carajo.”

La pregunta sobre cómo plantear esa utopía podría ser una de las claves de este momento.

Claramente, hay una parte de la población a la que le interesa que la política exprese, emocione y esté dispuesta a poner límites férreos al rumbo que el país ha emprendido desde diciembre de 2019. Quizás la utopía que hoy tenemos a mano es la de evitar un destino de la Argentina que cada vez parece más inevitable. Ese freno necesita de lo simbólico, del sentido de pertenencia, algo que quienes colocaron una piedra en las puertas de la Casa Rosada retrataron muy bien.

Bienvenida la discusión en el terreno de lo simbólico, y si faltaba alguna prueba de eso, la investigación de los periodistas @gonziver y Guadalupe Vázquez, la ha dado de sobra. En definitiva, fue una imagen la que hizo temblar al gobierno, mucho más que los números, las estadísticas y las palabras.

1 Comment

  1. Excelente.Una frase es exactamente lo que le dije a nuestro candidato a gobernador,hoy a senador,Gustavo Santos,No alcanza con la gestión,hace falta politica,ideas que enamoren..Ud lo dice mucho mejor,pero hay que convencer a los candidatos!

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