El DESAFÍO DE LA UNIDAD

En política no hay desafío más complejo para una coalición opositora al peronismo que mantener la unidad cuando se percibe la cercanía al poder. 

Al contrario de la teoría de algunos analistas, la fragmentación de JxC no hubiera sido posible durante la cuarentena. Muchos sostenían que la pérdida de poder podía ser un factor luego del 2019 que podía desembocar en una disolución de la coalición que integran PRO, UCR y CC. La realidad demostró lo contrario: sin unidad hubiera sido una catástrofe para la coalición de cara a la ciudadanía.

Pero ahora, la disputa ya es por el poder y  desconfianzas fueron apareciendo. Pero no pasa tan solo por eso, sino que también porque las diferentes visiones sobre las decisiones a tomar de cara al futuro, ya están pesando. Esto se vio de forma muy marcada ante la propuesta de acuerdo con el FMI, en la que se impuso la postura dialoguista. Era claro que una parte de JxC no apoyaba el acompañamiento en el Congreso del acuerdo. Sin embargo, en pos de mostrar unidad de cara a la sociedad tuvieron que sentar una postura común que dejó gran disconformidad. 

Esto tiene que ver también con los roles que se fueron formando en cada espacio. Algunos dirigentes hacen esfuerzos por desprenderse de la gestión de Macri, y hacen oposición de Macri dentro de la misma fuerza.

¿Es posible esto?

Depende de la coyuntura y la lectura que se haga de ella. 

El peronismo también ha sabido hacerlo en otros tiempos, por ejemplo, en el caso de Carlos Menem. El peronismo en ese entonces eligió reinventarse entendiendo que había una necesidad de supervivencia ante un proceso acabado mayoritariamente en la sociedad, más allá de que el riojano todavía mantenía una base de votos. Pero en el caso de Macri, la historia no es similar. El «macrismo» no está en un proceso de desgaste tal, las encuestas lo muestran con una revalorización de su gestión en muchos aspectos y, sobre todo, su imagen negativa viene bajando.

Esta tensión con respecto a Macri se siente cada vez más dentro de JxC. Pero Macri no es Cristina, y su preocupación principal no pasa por el poder, sino en que quien asuma el gobierno en el 23 tome las medidas necesarias. Su obsesión tiene que ver con una idea. En muchos sentidos, para JxC esto es aún más difícil de resolver. Porque Macri no tiene intenciones de ocupar un rol institucional secundario en pos de zafar de causas judiciales. Esto significa que jamás sería vicepresidente de nadie, ni funcionario. El ex presidente ha comprendido que conserva más poder desde su quinta «Los abrojos», que sentado en un despacho. Incluso, su figura quedaría impoluta ante las dificultades que pueda enfrentar el próximo gobierno entrante estando fuera de él. 

Nadie descarta hoy que la unidad de JxC se use como excusa para desligar totalmente al ex presidente de la escena, es decir, que algunos amenacen con romper la alianza si Macri decide ser candidato. En esta postura se lo ve más cómodo al radicalismo, encarnado por Morales, Manes y Lousteau. Y la gente ya empieza a notar en esta postura también a Rodriguez Larreta. 

¿Es posible un Juntos por el Cambio sin Macri?

La realidad indica cada vez más fuerte que no. Patricia Bullrich ha dicho enfáticamente por esto días que el PRO va a trascender a su fundador. Esto es mucho decir, porque también muestra que la incomodidad con el ex presidente se ha extendido a lugares antes impensados. 

¿Es posible un gobierno de JxC en el 23 sin Macri en la gestión?

Si. 

Pero puede ser malo para JxC porque es mejor tener al expresidente en el barco, que siendo Perón en Puerta de Hierro. En eso, puede haber una lectura incorrecta de la coalición. Jubilarlo a Macri es condenarse a vivir bajo su sombra. Eso es lo que pasa siempre con los grandes liderazgos. 

Todos quieren su parte del poder en disputa y empiezan a entender que compartir ese poder con un liderazgo como el de Macri se torna una misión imposible. La experiencia del gobierno actual con respecto al liderazgo de Cristina Kirchner es la mejor prueba de eso. La única solución a este conflicto sería que toda la coalición, incluido Macri, rubrique un programa de gobierno para los años que vienen. El peronismo se abrazó al kirchnerismo en el 2019 comprendiendo que era imposible dinamitar la base que sostenía, y que nadie podía hacerse del poder por fuera de ella. Lo comprendió Sergio Massa y lo comprendieron los gobernadores y la pata sindical. Pero sin programa y sin plan, Crsitina terminó siendo el real factor de poder.

El conflicto es que nadie está pensando en los programas ahora, sino en las internas. Y como han mostrado los últimos acontecimientos, si la lucha es solo por el poder y no hay plan, los liderazgos fuertes prevalecen ante todo.

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