¿QUÉ LE PASA A MORALES?

Desde que asumió Gerardo Morales como Presidente de la UCR nacional no cesó en las críticas al PRO, su socio en Juntos por el Cambio. Ayer la tensión traspasó un límite cuando el jujeño tildó al PRO de ser una “empresa” y de impulsar políticas desde una mirada de CEOs, haciendo un contraste con la tradición democrática de la UCR. 

Hay algo cierto en lo que dice, y que tiene que ver con la endogamia del partido fundado por Macri. En el PRO no se votan las autoridades, sino más bien se eligen a dedo, ya sea tanto a nivel nacional como a nivel provincial. Hasta el presidente de la juventud del partido se elige bajo ese método. 

Los dirigentes de peso se reparten las autoridades de acuerdo a lealtades. Esto ha traído un efecto negativo, dado que algunos presidentes del partido a nivel provincial cierran la posibilidad de afiliación a la ciudadanía para evitar que aparezcan nuevos referentes. Por eso al PRO le cuesta conseguir estructura en todo el país y siempre depende de su socio la UCR. Y por eso también la frustración de la ciudadanía que quiere afiliarse en las provincias y se le torna una tarea muchas veces compleja. Sin embargo, el PRO es pragmático a la hora de elegir candidatos y las encuestas mandan. En este punto, el partido porteño tiene una conexión un poco más cercana a la realidad, algo muy diferente al caso del radicalismo. 

El enojo de Morales tiene que ver con un radicalismo que desde hace tiempo ha dejado de ser competitivo y ya no juega por lo importante. Ningún dirigente de la UCR se le acerca en intención de voto a los más importantes del PRO a nivel nacional. A tal punto, que el radicalismo estaría considerando modificar la ley electoral para que luego de las PASO se puedan integrar nuevas fórmulas y poder así, al menos, asegurar una vicepresidencia. Por otro lado, recordemos que en el gobierno de Macri, el radicalismo tuvo un rol menor y quedaron cuentas sin saldar.

Internamente muchos radicales aún siguen enojados con el ex presidente y, esta vez, quieren asegurar participación efectiva en las decisiones de gobierno. Para colmo de males, en las últimas entrevistas, el ex presidente Macri se dio el lujo de opinar sobre el radicalismo señalando que este debería volver a tomar las ideas de Alem más relacionadas al liberalismo y que fueron las ideas fundacionales; algo que había conversado casualmente alguna vez con Álvaro de Lamadrid. Utilizando este argumento, resaltó la figura de Martín Tetaz por su mirada como economista.

Que el jefe del PRO opine sobre qué debiera hacer el radicalismo no debe haber caído muy simpático en los comités radicales. 

El radicalismo se encuentra en un proceso de renovación. Por un lado, los radicales históricos como Morales, Negri, entre otros. Luego, los extra partidarios a los que tuvieron que recurrir para ganar algo de competitividad pero que ya han conseguido vuelo propio, como Lousteau (en acuerdo con Nosiglia y Angelisi) y Manes (apoyado por la UCR bonaerense). Y por último , un pelotón de figuras novedosas que están bien consideradas por la población como De Lamadrid, Petri, Tetaz, Losada, y que integran ( más allá de que cada uno participa de líneas internas diferentes) una posibilidad de competitividad para el radicalismo de cara a futuro. 

El problema es que votar entre convencionales del partido para el reparto de cargos sin dejar emerger a otros dirigentes puede desembocar en una desconexión con las preferencias electorales de la población. Siguiendo esa lógica, si el PRO es una empresa, la UCR se ha convertido en un oligopolio en el que muy pocos deciden sobre el futuro del partido y se mantienen durante décadas. Por eso, el pragmatismo del PRO se impone por una simple razón: las encuestas mandan. Esto explica que el partido centenario no dé lugar a cuadros emergentes que seduzcan al electorado y tengan que recurrir en última instancia a figuras como Manes para ganar caudal y también para hacer “internismo”. Otro de los históricos problemas que acarrea el radicalismo.

Ante un escenario de debilidad nacional de la UCR, Morales parece haber sacado una conclusión: debe encontrar una forma de diferenciarse del PRO y entiende que para eso debe convencer a un electorado aún molesto con el ex presidente Macri. En ese sentido, el jujeño, habría tomado una postura dialoguista con el objetivo de ser el propietario de los porotos que falten a Juntos por el Cambio para ganar la elección; de aquellos 4 o 5 puntos que necesite la coalición para torcer la historia. Pero la cercanía con el gobierno de Fernández y las constantes críticas al PRO y a Macri han despertado el enojo en las redes sociales.

Los partidos que integran una coalición pueden tener diferencias. Pueden incluso discutir públicamente. Lo que no puede pasar es que uno de los partidos prefiera perder una elección, a que su socio vuelva a conducir un nuevo gobierno. Seguramente, este no sea el caso de Morales, pero el problema es que empieza a dar esa impresión de cara a la gente.

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