NO MÁS DEDO EN JUNTOS POR EL CAMBIO

La coalición de Juntos por el Cambio, como toda alianza política, se transforma permanentemente porque la inamovilidad va contra su misma naturaleza. La irrupción de nuevas figuras fue generando incomodidad en aquellos que pretendían ser gerentes de la oposición. Sobre todo, aquellas que cuentan con un apoyo masivo en las redes sociales y que hoy se animan a coquetear con candidaturas.

Juntos por el Cambio fue concebido a partir de las protestas ciudadanas que venían emergiendo en contra de los gobiernos de los Kirchner, pero la conformación inicial de 2015 con el acuerdo entre Macri, Carrió y Sanz entró en una secuela inevitable desde el final del gobierno pasado. Es que con Macri había un liderazgo claro, más allá de algún que otro chisporroteo interno. Pero, hoy por hoy, todas las fuerzas que integran la coalición buscan el protagonismo de la próxima etapa. La discusión que se está dando tiene que ver con cómo se definirá este protagonismo.

Cuando todos pensaban que eran los partidos los que iban a digitar las próximas movidas en el tablero de ajedrez, apareció un fenómeno: un núcleo duro de votantes que decidió no ser más un simple espectador. La ciudadanía no solo está marcando la agenda política sino que se considera accionista mayoritario de la oposición. Es que ni siquiera el poder mediático de algunos dirigentes puede contener esta situación. Quizás esto explique el cambio de discurso de Rodríguez Larreta de ayer con respecto a los cortes de calles que vienen aconteciendo desde hace años en la capital. Los que creían que la incidencia de las redes sociales era residual ven sus temores reflejados en las encuestas.

Los primeros que entendieron bien esta coyuntura fueron los liberales. La campaña de Milei hubiera sido impensada sin el respaldo de estos sectores que son capaces de viralizar opiniones y sentar posiciones en la opinión pública. Será por eso que Macri ha dicho en los días pasado que no habría “dedo” en la elección de candidatos para las próximas elecciones. Es que, como hemos dicho en otras notas, quedó muy claro que en el sufragio pasado, las imposiciones de candidatos lastimaron a la coalición.  Si Patricia Bullrich hubiera sido candidata encabezando la lista de diputados en la Ciudad, figuras como Milei y Lòpez Murphy quizás no hubieran tomado el vuelo que tomaron. Algunos periodistas observan con preocupación esto, es el caso de Macerlo Bonelli que ha tildado a este sector de la ciudadanía peyorativamente como los “trolls del macrismo”. La respuesta de las redes no se hizo esperar, al igual que la respuesta a Beliz cuando propuso una regulación para buenas prácticas de las redes. El hashtag #NoSeMetanConLasRedes tomó las tendencias nacionales. Hasta el mismo Macri salió a auto proclamarse un “absolutista de la libertad de expresión”. Lejos de suceder lo que el gobierno pronunciaba como una «intoxicación» de la democracia, las redes han devuelto el poder a la gente; algo que al establishment político le cuenta asimilar.

Ya no hay espacio en Juntos por el Cambio para definir candidaturas a espaldas de la sociedad. Los liberales han reforzado esto, dado que han logrado generar una opción para aquellos votantes que se sientan defraudados si se impusiera esta modalidad. Juntos por el Cambio no está en posición de perder votos si quiere volver a gobernar la Argentina; es por eso que ya nadie descarta unas PASO muy competitivas para que la ciudadanía sea el verdadero elector del futuro. Lo cierto es que el enojo con el “dedito” acusador tomó una nueva faceta: la indignación ante el “dedito” elector.

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