MILEI, EL ÚNICO QUE SALTA LA GRIETA.

Mucho se habla sobre Javier Milei y el crecimiento que viene teniendo en las encuestas. El surgimiento del economista trajo incertidumbre a la dirigencia política, no tanto por su discurso “anti casta” sino más bien porque vino a romper la inercia que mantenía a la Argentina mordiéndose la cola desde hace más de 10 años y que muchos dieron en llamar “la grieta”. 

La grieta ya cumplió más de una década si se toma a las marchas del campo de 2008 como una referencia. El conflicto que trajo la resolución 125 del entonces Ministro de economía Martín Lousteau durante el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Aquél fue el acontecimiento que generó la ruptura entre el kirchnerismo y el diario Clarín, el enojo de un sector de la sociedad a partir de la avanzada del gobierno, y la radicalización del llamado “modelo”. Nada fue lo mismo.

A partir de ahí, la sociedad se fragmentó. Se empezó a hablar de la “grieta” como un síntoma del proceso que vivían los argentinos. Se fue configurando una resistencia al kirchnerismo que por entonces todavía brillaba por el viento de cola de los comodities. Se generó el germen de lo que vendría, de sucesivas marchas y reclamos. Algo que culminó con la creación de la coalición CAMBIEMOS que finalmente en 2015 interrumpió la década kirchnerista. Por aquel entonces, uno de los lemas del recientemente asumido Macri era “unir a los argentinos”. La intención de ese gobierno era dar vuelta la página, algo que los problemas económicos sucesivos pondrían en jaque. La campaña de 2019 retornaron la discusión al casillero número uno, con una polarización siendo protagonista de los acontecimientos. La grieta había llegado para quedarse y los dos primeros años del gobierno de Fernández durante la pandemia asentaron esta idea.

Casi al unísono del nacimiento de la grieta como concepto llegó otro discurso, uno que hablaba de terminar con ese síntoma. Esto estuvo presente en todos los partidos políticos, desde los llamados peronismos «del medio», hasta prominentes integrantes de juntos por el Cambio. Todos hablaron de “cerrar la grieta” porque era lo políticamente correcto. Lo que la gente supuestamente esperaba como contraste a lo que acontecía. Era la manera también de intentar pescar votos de aquellos que quedaron en el medio de la pelea por indiferencia con respecto a la coyuntura, el sector no politizado. Por allí quisieron pasar con la ambulancia candidatos como Lavagna, Randazzo, Massa, así como también las “palomas” de JXC. La elección de 2021 frustró una vez más este intento.

Sin embargo, el efecto Milei empieza a romper con esa lógica. Algunos se sorprenden por los halagos del economista con respecto a Macri y con su silencio con respecto a Cristina Kirchner. No parecen advertir que allí no existe una postura ideológica sino más bien una estrategia electoral. Milei logra captar votos del llamado “macrismo duro”, un sector que está enojado con la conducción de la mesa de Juntos por el Cambio que inclina la balanza permanentemente a favor del consenso con el peronismo. El impacto se vio en el acompañamiento al gobierno por parte de ese grupo al acuerdo con el FMI y, recientemente, con el rechazo a la incorporación del mismo Milei a la coalición. Pero no solo eso, capta el voto independiente enojado con la situación económica y la clase política; y un dato más llamativo e igual de importante: está disputando un electorado histórico del kirchnerismo: los jóvenes. Milei no tiene por qué ponerse a discutir defendiendo posturas que caen dentro de la grieta porque no tiene nada allí para ganar.

Muchos creyeron que para superar la grieta no hacía falta un condimento ideológico, es más, que era contraproducente ideologizar el discurso para lograr eso, que la forma de saltar la grieta era no polemizar ni meterse en temas álgidos. El error hoy se ve. El discurso que está superando la grieta es uno fuertemente ideologizado, solo que no a partir de los postulados de la grieta, sino centrado en las frustraciones ciudadanas con la política. 

“Ten cuidado con lo que deseas”, dice el refrán. Aquellos que querían terminar con la grieta hoy se preocupan por el efecto Milei y no saben cómo pararse ante eso.

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