​La Teoría del Grupo Mínimo: El manual psicológico con el que la política anula el pensamiento crítico

ChatGPT Image 28 dic 2025, 08_00_25 p.m.

​Por Augusto Grinner.

¿En qué momento el debate público en Argentina dejó de ser una confrontación de modelos para convertirse en una guerra de identidades? Quien observe la realidad política actual —ya sea en los medios o en el ecosistema digital— notará que la lógica ha sido desplazada por una lealtad tribal. No es un fenómeno accidental, se trata de la aplicación sistémica de un principio de la psicología social que tanto el mileísmo como el kirchnerismo han explotado con maestría: la Teoría del Grupo Mínimo.

​El experimento de Tajfel: La génesis del bando

​En la década de 1970, el psicólogo Henri Tajfel realizó un descubrimiento que debería ser lectura obligatoria para cualquier ciudadano. A través de una serie de experimentos, demostró que, para generar discriminación y sesgo, no se requiere una historia de odio o competencia por recursos, basta con la categorización trivial.

​Tajfel dividió a grupos de jóvenes bajo criterios insignificantes (como la preferencia estética por un pintor u otro). Sin que mediara conocimiento previo ni beneficio personal, los individuos comenzaron a favorecer sistemáticamente a los de su “bando” y a perjudicar al “otro”.

La conclusión fue demoledora: el cerebro humano está programado para crear un “nosotros” frente a un “ellos” de forma instantánea.

​La política como arquitectura de etiquetas

​En la Argentina contemporánea, la política ha dejado de gestionar realidades para gestionar categorías. Etiquetas como “La Casta” o “El Pueblo” no funcionan como definiciones sociológicas, sino como anzuelos de identidad social.

•⁠ ⁠​El proceso de categorización: una vez que el individuo se identifica como “león” o “militante”, el cerebro activa un sesgo de protección. El endogrupo (el bando propio) se percibe como moralmente superior e infalible.

•⁠ ⁠​La autoestima hipotecada: según la Teoría de la Identidad Social, el individuo liga su valor personal al éxito del grupo. Criticar una medida de gobierno de Javier Milei o un antecedente de gestión de Cristina Kirchner, no se procesa como un debate de ideas, sino como un ataque personal al seguidor. Por eso el fanático no busca argumentos, busca defensas.

​El miedo: El blindaje de la trinchera

​Si la identidad une al grupo, el miedo es lo que impide que el individuo escape de él. Esta “pedagogía del terror” ha sido el eje central de las últimas campañas:

•⁠ ⁠​La identidad defensiva: en 2023, el kirchnerismo movilizó el miedo a la pérdida de derechos básicos para retener a una base desencantada. El miedo a “volver al menemismo” o a “volvernos Estados Unidos” (en relación a los tiroteos escolares).

•⁠ ⁠​El miedo al regreso: en 2025, el mileísmo consolidó su narrativa sobre el miedo al “retorno del monstruo K” para justificar el costo social de sus políticas. El miedo a “volver al pasado”, con inflación y déficit.

​El miedo cumple una función biológica: anula la corteza prefrontal —responsable del razonamiento lógico— y activa la amígdala. Bajo estado de alerta, el fanático acepta el sacrificio propio con tal de evitar la victoria del “enemigo”, y así se explica que miren a otro lado cuando el propio bando comete un error (“¿por qué criticás, querés que ganen los otros?”). El voto ya no es una elección de futuro, sino un acto de supervivencia grupal.

​Los guardianes del sesgo: ¿Por qué no se puede razonar?

​Para que esta estructura no colapse, la mente despliega mecanismos de protección que cualquier consultor político moderno conoce:

•⁠ ⁠​Sesgo de confirmación: el seguidor sólo consume información que valida su pertenencia. Los algoritmos de las redes sociales actúan como el laboratorio moderno de Tajfel, creando cámaras de eco donde la disidencia es inexistente, y sólo se incentiva reforzar la narrativa del endogrupo.

•⁠ ⁠​Desvinculación moral: al deshumanizar al rival (etiquetándolo como “zurdo”, “facho”, “cucaracha”, “gorila”, “mandril”, etc.), se elimina la empatía, táctica utilizada por el castrismo, el nazismo, el peronismo, y otros autoritarismos. El grupo otorga un permiso ético para la agresión verbal y la violencia simbólica.

•⁠ ⁠​Costo de arrepentimiento: admitir que el líder o su equipo han fallado genera una disonancia cognitiva insoportable. Abandonar el grupo implica reconocer un error de juicio y, a menudo, enfrentar la soledad social. Es psicológicamente más económico volverse más radical que admitir la estafa.

​Conclusión: El desafío de la objetividad

​La política argentina se ha transformado en una religión secular. Mientras el debate siga centrado en la defensa de etiquetas y no en la discusión técnica de resultados, seguiremos siendo prisioneros de un experimento de laboratorio.

​Desde Agencia Republicana creemos que la verdadera libertad comienza por entender estos resortes. Sólo cuando el ciudadano recupera su identidad personal por encima de la identidad de grupo, puede empezar a exigir una política basada en la realidad y no en el fanatismo. El primer paso para dejar de ser un soldado de una guerra ajena es entender quién está trazando la línea en el piso.

Sobre los autores.

Gonzalo Acosta

Gonzalo, co fundador de Republicana, es publicista y consultor político desde hace 20 años, con participación en mas de 15 campañas electorales provinciales y locales, y participó en las últimas elecciones del Club Boca Juniors, realizando audiovisuales para la fórmula Ibarra – Macri. Dirige la agencia creativa MasIdeas.com.ar, especializada en branding

Augusto Grinner

Augusto, co fundador de Republicana, es periodista y analista político. Fue el primero que asesoró en su comunicación al Presidente Javier Milei. Además, Augusto, conocido en redes como Depe, gestiona su canal de Youtube con más de 200k de suscriptores, y participa del canal Ey! como analista político y periodista

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